El fin de los coches diésel: ¿Cuáles son las consecuencias?

Publicado Por Rafael de Movertis el octubre 13, 2018

Desde 2015 se viene advirtiendo de una forma no muy insistente, pero si continua, que la fabricación de motores diésel va a desaparecer para todas las marcas que hoy conocemos en el mercado, principalmente debido al alto nivel de emisiones de CO2 y NOX que producen.

Retirada de motores diésel

Desde la entrada en vigor de normativas como la WLTP (normativa de control de emisiones en circunstancias reales de conducción), cada vez está más cercano el fin de la fabricación de este tipo de propulsores.

Sin embargo, no se producirá  para todos los modelos de coches por igual. Los vehículos de “alta gama” y los todoterreno se seguirán fabricando, debido principalmente a su gran potencia y al peso que soportan sus voluminosas carrocerías. A pesar de ello, el grueso del parque actual de vehículos diésel se iría retirando de nuestras carreteras de forma gradual y progresiva hasta su completa desaparición, dejando paso a coches propulsados por motores híbridos y eléctricos.

Coches diésel: contaminaciónLas emisiones contaminantes de los motores diésel, su principal motivo de desaparición.

Límites de fabricación por marca

No todos los fabricantes dejarán de fabricar motores diésel al mismo tiempo: el peso en las ventas de unos y otros hará que la retirada sea distinta para los diferentes actores del mercado. A continuación, veremos cuál es el timing que se han marcado las principales marcas del sector.

  • Toyota: sin duda alguna, la marca que ha destacado desde un primer momento con el compromiso de fabricar motores alternativos al diésel ha sido Toyota. El fabricante japonés, pionero en el montaje de motores híbridos en sus modelos, es el que ha tomado la delantera con respecto al resto de marcas, hasta tal punto que en este año 2018 va a dejar de vender coches diésel en Europa (excepto los industriales y los todoterreno). Su apuesta por los motores híbridos y eléctricos le ha hecho líder y referencia en el mercado, llegando incluso a empujar al resto de marcas a agilizar el desarrollo de nuevos modelos que incluyan este tipo de tecnologías, como es el caso de su “paisana” Honda.

  • Volvo: en Europa, la marca que más rápido se ha adaptado a esta forma más ecológica de producir vehículos ha sido la sueca Volvo, que ha dejado de montar propulsores diésel desde este año, planteándose incluso la no fabricación de motores de gasolina (algo, por otro lado, comercialmente inviable por el momento). En el caso de Volvo, su apuesta se centra en mayor medida en la construcción de automóviles eléctricos, anticipándose a un futuro no muy lejano en el que serán los únicos motores que existan.

  • Volkswagen: dentro del viejo continente, la marca que abrió la caja de Pandora de la fabricación de diésel, la alemana Volkswagen, (con su famoso caso de manipulación del nivel de emisiones mediante software malicioso en sus centralitas), ha programado un viaje hacia los motores eléctricos que cree culminar allá por el año 2025, momento en el cual ha anunciado que más del 90% de sus coches serán eléctricos o híbridos.

  • Otras marcas: el resto de fabricantes, como PSA (Peugeot, Citröen, Opel), Renault, Fiat, las pertenecientes al Grupo Volkswagen (Seat, Audi, Skoda), Ford, las coreanas Kia y Hyundai, y fabricantes con menor penetración en el mercado, han adelantado que la fabricación de motores diésel empezará a dejarse de hacer a partir del año que viene y hasta el 2022-2023, apostando unos y otros por las alternativas eléctricas e híbridas, entre las que también se incluyen los coches propulsados por gas natural o gas licuado petróleo.

Para obtener más información sobre las marcas que dejarán de producir motores diésel durante los próximos años puedes hacer click en este enlace.

Consecuencias del abandono del diésel

El cese de la fabricación de motores diésel es algo inminente e imparable, y su cambio por unos propulsores menos contaminantes y respetuosos con el medio ambiente no son todo buenas noticias: hay una serie de consecuencias tanto económicas como sociales ligadas a este fenómeno.

Costes de producción y precio final

Por un lado, al fabricar coches con tecnologías híbridas y eléctricas, los costes de producción para las marcas se disparan, ya que se ha de invertir más en Investigación y Desarrollo y en los materiales a utilizar. Esto repercute en el precio final de los coches y en la economía del destinatario final del producto.

Añadido a esto, los coches híbridos y eléctricos son más pesados que los actuales diésel, lo cual hace que, por ejemplo, los neumáticos y las baterías se desgasten a mayor velocidad haciendo más caro el mantenimiento del automóvil. Este es sólo un ejemplo, ya que hay más materiales que se encarecen y que incrementarán el coste del mantenimiento de los coches.

Logística de recarga

Por otro lado, en la actualidad la red de puntos de recarga de los coches híbridos o eléctricos es muy deficitaria, lo cual dificulta enormemente la utilización masiva del turismo híbrido o eléctrico. De igual forma, no existen muchas gasolineras donde haya un surtidor de gas licuado (GLP) o puntos de suministro de gas natural (motores GNC): los cálculos más halagüeños nos dicen que ha de pasar una década para que exista una red medianamente aceptable.

logística de recarga eléctricaPuntos de recarga eléctricos: una red que todavía tiene que crecer.

Un gran número de unidades

En el terreno social, existen varios factores que hacen que esta “quema” definitiva de los motores diésel no sea muy optimista. El primero de ellos es que, debido a las campañas masivas de todos los gobiernos por el uso del diésel tres décadas atrás, se fomentó la compra casi compulsiva de coches de este tipo, lo cual ha hecho que el parque automovilístico a nivel europeo sea enorme en número de unidades (con el consiguiente problema a la hora de ir sustituyendo éstos por los nuevos motores híbridos y eléctricos).

El factor económico

Y claro está, las personas no pueden cambiar de coche tan frecuentemente como les gustaría debido a un factor económico, sumado a que no se incentiva el uso compartido de los coches ni existen ayudas estatales a la retirada de todos estos vehículos diésel del mercado.

Desde todos los organismos internacionales deberían lanzarse medidas que hagan posible este relevo dentro de la fabricación, ya sea a nivel fiscal o a nivel económico, para de esta manera hacer más atractiva la compra de coches propulsados con energías más limpias.

Abandono de las plantas de producción

El segundo de los problemas sociales es la inutilización de varias de las plantas de producción de automóviles diésel que los grandes grupos de automoción tienen en diversos países. Al abandonar esta construcción, son muchas las personas que no tendrán trabajo, con el consiguiente aumento del paro y los problemas económicos que éste acarrea.

No todos los puestos son reubicables o reposicionables, ya que fabricar coches eléctricos e híbridos requiere una mayor cualificación para los operarios, y no todos pueden alcanzar dicha cualificación.

Por todos los argumentos expuestos, nos alegramos de que se empiecen a  producir vehículos más limpios, pero, una vez expuesto todo, ¿estamos ante el verdadero fin de los coches diésel? Sólo el tiempo dará y quitará razones.

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